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| LA CAIDA
DE BAGDAD Por Jorge Ramos Avalos
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| 7 de Abril
del 2003 |
Ciudad de Kuwait. Saddam
Hussein se cayó de su pedestal. Mas bien, lo tiraron. Los iraquíes, solos, trataron de
tumbar al piso una estatua de 40 pies de altura en el centro de Bagdad. Le pusieron una
soga al cuello y jalaron duro. Pero no pudieron. Fue necesario un tanque de la armada de
Estados Unidos para tirar la estatua de Saddam. Este incidente está cargado de
simbolismo.
Ese es uno de los momentos que, para bien o para mal, marcan la historia. Son imágenes
que hieren los ojos a la Buñuel. La caída de la estatua de Saddam en Bagdad me recuerda
a los muchachos alemanes que vi en 1989 destruyendo con pico y pala el muro de Berlín o
las estatuas de Stalin y Lenin que encontré tiradas en las calles de Moscú en 1990. La
guerra continúa pero el régimen de Saddam Hussein se desvance.
El fin de los 25 años de dictadura de Saddam se nota también en silencios. Ya no aparece
por ningún lado Mohamed Al Sahef, el alucinante ministro de información de Irak, que se
encargaba de negar todo lo que decían norteamericanos y británicos. El dia que las
tropas angloamericanas habían tomado dos palacios de Saddam Hussein, Al Sahef insistía
en que se encontraban todavía a 35 kilometros de ahí. Tampoco están los cuidadores
oficiales de los corresponsales extranjeros en la capital iraquí. Todos huyeron. Ese
silencio habla tanto o más que los retratos quemados de Saddam.
La caída del regimen sadamista se logró en 21 dias. Los pronósticos de que esto
tomaría varias semanas e incluso meses se vinieron a tierra. La guardia republicana de
Saddam Hussein no es tan fiera como la pintaban ni pudo resistir el embate del ejército
más grande y tecnológicamente más avanzado del mundo. De nuevo se equivocaron los
supuestos expertos que pronosticaban que la toma de Bagdad requeriría mucho más tiempo.
Lección invaluable: cuando los periodistas nos dedicamos a la astrología en lugar de
reportar solo lo que vemos caemos en una trampa y en la mayoría de los casos nos
equivocamos y desinformamos.
La entrada a Bagdad, sin embargo, no significa el fin de la guerra. Esta guerra pudiera
alargarse tanto como la de Afganista que hoy, todavía, no termina. La Casa Blanca, el
Departamento de Estado y el Pentágono están en estos momentos enfrascados en una batalla
interna para determinar qué se necesita para declarar victoria. Algunos, claro, creen que
la guerra ya se ganó con las primeras incursiones a Bagdad. Pero los más cuidadosos
preferirían ver a Saddam Hussein muerto, encarcelado o huyendo para hacer la v
de victoria. Como quiera que sea, el régimen de Saddam Hussein está en desvandada y ya
no controla Irak.
La paz es otro asunto. Estados Unidos y Gran Bretaña han demostrado que no hay quien los
pare a nivel militar. Sin embargo, en la guerra de relaciones públicas pudieran ir
perdiendo.
El costo de vidas inocentes en esta guerra es altísimo; los funcionarios iraquíes
habían contado mas de 400 civiles muertos antes de desaparecer. Pero las cifras reales
pudieran estar en los miles. La Cruz Roja ya dejó de contar. Y esas muertes se las están
achacando a la coalición.
Los militares norteamericanos y británicos tampoco tienen evidencia de que el régimen de
Saddam Hussein escondía armas químicas y bacteriológicas ni han podido probar que el
ejército iraquí tiene misiles con un alcance superior a los 150 kilómetros. La
justificación oficial para iniciar esta guerra se evapora como el gas mostaza en el aire.
Cada vez queda más claro que el verdadero objetivo de esta guerra era terminar con el
régimen de Saddam Hussein y no desarmarlo, como ordenaba la resolución 1441 de Naciones
Unidas.
Esto, precisamente, ha quedado claro en la prensa árabe. Por primera vez en la historia,
los árabes han podido recibir información en su propio idioma y de fuentes distintas a
los que se informan en inglés. Mientras occidente se informaba a través de las grandes
cadenas de televisión de Estados Unidos y Europa, el mundo árabe ha seguido esta guerra
a través de Al-Jazeera. Esta cadena satelital de televisión ha reportado constantemente
sobre las muertes de civiles en Irak. Millones de árabes le creen a Al Jazeera que
perdió a un reportero tras un ataque estadounidense a sus oficinas en Bagdad- y no a CNN,
BBC, MSNBC o FoxNews. Por eso Estados Unidos pudiera estar perdiendo la paz.
Lo que quiero decir con todo esto es que el mundo árabe se ha informado en árabe, y no
en inglés, de los pormenores de esta guerra y de la enorme oposición a este conflicto en
todos los países de la región. Cuando los norteamericanos hablan de liberación
el mundo árabe escucha invasión u ocupación. Cuando los
británicos dicen que están en Irak por el bien del país, los árabes escuchan de varios
comentaristas y políticos de la región que el bien de Irak significa que los británicos
no estén ahí. Mientras que los periódicos norteamericanos ponían en su primera plana
la foto de la estatua de Saddam cayendo, el principal diario de Libia prefirió usar la
del soldado norteamericano que tapa con la bandera de Estados Unidos la cara de la estatua
antes de caer. La interpretación que libios, palestinos y otros árabes pueden sacar de
esa imagen es clarísima: los estadounidenses, aliados de Israel, han llegado al medio
oriente ha imponerse sobre nosotros.
Solo los kuwaitíes que fueron invadidos por las fuerzas de Saddam en 1990 y a
quienes he llegado a conocer bastante bien en las últimas tres semanas- apoyan
abiertamente la incursión militar de Estados Unidos. Estados Unidos liberó a Kuwait de
Irak y es la hora de corresponder el favor.
Como periodista he tenido la suerte de reportar esta guerra desde Kuwait, Qatar e Irak y
cuando monitoreo las distintas televisoras, con la ayuda de un traductor, me doy cuenta
que la versión del mundo árabe es, a veces, diametralmente opuesta a la que presentan en
Washington y Londres. La guerra para la mayoría de los habitantes del planeta no es lo
que ocurre en el campo de batalla sino lo que ve, lee y escucha por los medios de
comunicación. Para Estados Unidos y Gran Bretaña ganar la paz es el verdadero reto, no
la guerra.
Cae Bagdad. Ahora viene lo más difícil. |
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