Washington. Los aviones que
aterrizan y despegan del aeropuerto Ronald Reagan de esta capital
tienen que hacer complicadas maniobras para no volar sobre la Casa
Blanca, el Capitolio y los principales monumentos de Washington.
Asímismo, los pasajeros de vuelos comerciales no nos podemos parar
ni para ir al baño 30 minutos después del despegue y 30 minutos
antes de aterrizar en Washington. Todo forma parte de las medidas
antiterroristas tomadas después de los ataques del 11 de septiembre
del 2001 que cobraron la vida de más de tres mil personas. Esto lo
entiendo. Lo que no entiendo es por qué ciertos sectores de Estados
Unidos ven en Mexico y en los mexicanos a un enemigo.
Basta decir que ninguno de los 19
terroristas que atacaron las torres gemelas de Nueva York y el
Pentágono eran mexicanos y que ninguno, tampoco, entró a Estados
Unidos a través de México. Aun así, muchos mexicanos son tratados
como si fueran un peligro para Estados Unidos. Las imágenes de
sonrisas y camaradería del reciente encuentro en Texas entre los
presidentes rancheros, George W. Bush y Vicente Fox, no son
representativas de la equivocada percepción que algunos
norteamericanos tienen de los mexicanos.
¿De dónde vienen los ataques a los mexicanos?
El más importante viene de Samuel Huntington, el prestigioso
profesor de la universidad de Harvard, quien ha demostrado con su
ensayo El Reto Hispano (The Hispanic Challenge) que los premios y
títulos académicos no evitan tener puntos de vista prejuiciados y
cargados de xenofobia. La investigación de Huntington incluye todas
las cifras claves –que los latinos tienen más hijos que los blancos
o negros, que 350 mil inmigrantes indocumentados entran ilegalmente
a Estados Unidos cada año, que nuestros niveles educativos y de
ingresos son menores…- pero donde se equivoca garrafalmente es en
sus conclusiones.
Huntington asegura que “los mexicanos y
otros latinos no se han asimilado a la cultura de Estados Unidos”,
que están “rechazando los valores que construyeron el sueño
americano” y que este país corre el peligro de tener “dos lenguajes
y dos culturas”. En otras palabras que los latinos, particularmente
los mexicanos, somos una amenaza para la integridad cultural y los
valores estadounidenses. Huntington no entiende que los latinos no
solo somos parte fundamental de Estados Unidos sino que para el año
2125 seremos la mayoría de este país. ¿Que no nos adaptamos? Le
cuento mi profe. Nueve de cada 10 latinos somos bilingües. En el
país existen un millón 200 mil empresas cuyos dueños son hispanos. Y
hay más de medio millón de latinos que son médicos, abogados o que
tienen títulos de maestría y doctorado. Es cierto: los hispanos
estamos latinizando a Estados Unidos pero los latinos también nos
estamos americanizando. Sorry Mister Huntington, usted está
reprobado.
Los otros ataques contra México y los
mexicanos han surgido de la campaña por la presidencia en Estados
Unidos. Encuesta tras encuesta indica que la principal preocupación
de los votantes estadounidenses es la falta de empleo, no la guerra.
Desde que Bush llegó a la Casa Blanca se han perdido tres millones
de empleos. Y muchos están culpando de esta crisis laboral a los
inmigrantes mexicanos -que realizan los trabajos que los
norteamericanos no quieren hacer- y a las empresas estadounidenses
que utilizan a trabajadores en el extranjero, incluyendo México.
Por lo anterior, no existe ninguna
posibilidad de un acuerdo migratorio o una amnistía para
indocumentados en este año electoral. Y además, está bajo ataque el
Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito por México, Estados Unidos
y Canadá. Un mecánico desempleado en Detroit, Michigan, no ve nada
bien que su trabajo construyendo camionetas se haya ido a Saltillo,
Coahuila. Los famosos jeans Levi’s ya no se hacen en Estados Unidos.
Y es más barato manufacturar una televisión en Tijuana, Mexicali o
Ciudad Juárez que en Topeka, Little Rock o Seattle. Este malestar ha
sido captado por el candidato demócrata a la presidencia, John
Kerry, quien propuso un período de revisión de 120 días del TLC.
Estas son malas noticias para México.
La globalización y el libre comercio,
inevitablemente, generan empleos en algunos países y desempleo en
otros. Estados Unidos no es ajeno a este fenómeno. La idea es que, a
la larga, todos salgan ganando. Pero esto le entra por un oído y le
sale por el otro a los nueve millones de desempleados en Estados
Unidos. Es más fácil buscar un chivo expiatorio de todos sus males.
Tanto las hipotesis antihispanas de
Huntington como los ataques a inmigrantes mexicanos y al TLC tienen
su base en miedos irracionales y en argumentos populistas, no en la
realidad. ¿Enemigos mexicanos? Solo en su imaginación.
Posdata vicepresidencial. En unas elecciones
muy cerradas, los ocho o nueve millones de votantes latinos elegirán
al próximo presidente de Estados Unidos. Así de simple. Estados con
altos porcentajes de hispanos, como Florida, Arizona o Nuevo México
podrían definir la elección. Por eso no sería tan extraño que John
Kerry escogiera como candidato a la vicepresidencia al gobernador de
Nuevo México, Bill Richardson, quien habla perfectamente el español
y cuya madre es mexicana. Sería la primera vez en la historia de
Estados Unidos en que habría un candidato hispano a la
vicepresidencia. Ya es hora.