| Miami. John McCain me recuerda los programas de televisión del Llanero Solitario que veía
cuando era un niño. Llegaba solito, montado en su caballo Silver, acababa con los malos y
resolvía cualquier bronca pistola en mano- con una rapidez asombrosa. No dependía
de nadie. Eran sólo él y su caballo.
¿Será que McCain está siguiendo la misma
estrategia que el Llanero Solitario, dentro del partido Republicano, para tratar de ganar
la candidatura presidencial? Es muy probable. Hacía meses que las vacas sagradas y
cargadas de dinero- del partido habían decidido que su candidato a la presidencia sería
George W. Bush, el afable y ameno hijo del expresidente. Las encuestas a nivel nacional lo
daban como seguro ganador
pero no contaban con John McCain.
La verdad, el sorprendente aumento de la popularidad de McCain en las últimas semanas
se debió a errores del propio W, como le dicen sus cuates. George W. Bush empezó a hacer
campaña sin querer queriendo. Es decir, sin ganas. Parecía que le daba flojera
levantarse temprano y pasarse el dia saludando de mano a miles de personas y pronunciando
el mismo discurso mañana, tarde y noche.
Cuando W. tuvo la oportunidad de debatir a sus contrincantes del partido Republicano a
la candidatura presidencial, se inventó excusas para no asistir. ¿Para qué? se
preguntaban sus asesores. Iban ganando fácilmente, casi sin hacer campaña, y no querían
que su candidato dijera una tontería que le costara el triunfo.
Desde luego, la estrategia no podía durar eternamente. Después de muchas presiones,
George W. Bush se vio obligado a participar en los debates presidenciales. Pero, igual, lo
hizo sin decir mucho. Cuidando cada palabra. Y parecía, a decir verdad, un robotito
programado. La espontaneidad por la que era conocido en su juventud había desaparecido.
W. seguía adelante en las encuestas, aunque no con la misma distancia que en un
principio.
Y McCain, como un buen soldado, al notar una debilidad, atacó.
Se dio cuenta que George W. Bush no estaba hablando con los periodistas, sobre todo
después que un reportero le preguntó los nombres de algunos de los principales líderes
del mundo y no los supo. Así que McCain hizo lo opuesto y se abrió totalmente a la
prensa.
Cualquier periodista podía surbirse al autobus que se rentó para la campaña y
preguntarle lo que fuera al candidato McCain on the record. Y esto es muy
importante. Casi todos los candidatos hablan con reporteros. Pero muchas veces lo hacen off
the record y así, aunque el periodista tenga mucha información, no la puede
utilizar.
De esta manera, McCain le empezó a ganar muchos espacios en periódicos, revistas,
radio, televisión e internet a George W. Bush. Al final de cuentas, el trabajo de los
periodistas es llenar espacios y si Bush no les iba a ayudar, McCain estaba dispuesto a
hacerlo. McCain, al poco rato, se convirtió en el favorito de la prensa.
Los editorialistas y artículos de opinión mostraban un claro sesgo a favor de McCain.
Así, muchos de los reportajes sobre McCain hablaban de su heroísmo durante la guerra de
Vietnam donde pasó varios años como prisionero de guerra- y no sobre sus
problemas, como su tangencial participación en el escándalo que llevó a la bancarrota a
varias instituciones de crédito. Y a la buena prensa siguieron las encuestas.
Punto por punto McCain se le fue acercando a George W. Bush hasta que lo puso muy
incomodo. Además de hablar ininterrumpidamente con la prensa, el segundo paso de la
estrategia de McCain fue acabar con los discursos y hacer sesiones de preguntas y
respuestas con los posibles votantes.
No hay nada mas aburrido que escuchar a un político
por horas. McCain lo
entendió muy rápido y en lugar de dar sermones, escuchaba a la gente que se reunía en
cada parada de su campaña e intercambiaba sus opiniones con ellos. A la gente eso le
cayó bien. Un político que realmente escuchara era una novedad.
Uno de los principales problemas de McCain cuando lanzó su candidatura a la
presidencia es que no tenía mucho dinero. A Bush, en cambio, le sobraba. Pero con tanta
cobertura de prensa mas buena que mala- McCain estaba logrando llamar la atención
de millones de personas. Y Bush, en su cuevita, se veía obligado a pagar cifras
millonarias en comerciales para que su mensaje se transmitiera.
La estrategia de Llanero Solitario funcionó tan bien que hace dos semanas cuatro
revistas Time, Newsweek, US News & World Report y The Economist tuvieron a John
McCain en su portada. Ni todo el dinero del mundo y del cual Bush tiene una buena
parte- puede comprar esa visibilidad.
Ahora viene la prueba de fuego.
McCain tiene que pasar de la fase en la que necesitaba llamar la atención del público
a la fase del mensaje. Es decir, ahora tiene que explicarle a los norteamericanos qué
haría con el país si él llega a ser presidente.
El martes siete de marzo hay elecciones primarias en 11 estados para los candidatos
republicanos. Ahí veremos si McCain es realmente el Llanero Solitario que acaba con sus
enemigos de un balazo o si es, simplemente, una llamarada de petate, un bluff mas
del negocio de vender presidentes a los norteamericanos.
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