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“Yo quiero bailar
tú quieres sudar
y pegarte a mí
el cuerpo rozar
yo te digo si tu me puedes provocar
eso no quiere decir que pa’la cama voy”
(De la canción Yo Quiero Bailar de Ivy
Queen.)
Miami. Si usted
no ha bailado estilo “perreo”, ni ha escuchado la canción de la
“Gasolina”, ni se ha enterado que Don Omar era un pastor cristiano
antes de convertirse en cantante, entonces se está perdiendo del
reggaeton; uno de los fenómenos musicales más importantes de la
última década. Y, posiblemente, también le ha perdido la pista a la
juventud (y a sus hijos).
El reggaeton ha entrado
con furia en Estados Unidos, luego de popularizarse en Puerto Rico,
con mezclas de salsa, plena y bomba (géneros de música y baile
folklórico boricua). Surgió en la década de los 90 en Panamá cuando,
influidos por al reggae jamaiquino, varios artistas empezaron a
cantar rap en español. Hoy, el reggaeton es la fusión de la música
más rebelde –y bailable- de los últimos años…y por eso su éxito.
“Volvió el negrolo cocolo,
que los jode como quiera, acompañao o solo...desde la cuna,
agradecido de esta negrura...”
(De la canción El Abayarde de Tego Calderón.)
Las letras del reggaeton denuncian el racismo, el maltrato a las
mujeres, hablan de drogas, odio, violencia y sexo, mucho sexo. Las
constantes insinuaciones sexuales y el baile del perreo -que simula
la forma en que copulan los perros- han hecho del reggeaton un ritmo
incomprensible y ofensivo para muchos adultos. Pero esto no le ha
quitado nada de impulso. Al contrario, la controversia ha encendido
el interés.
“Cuéntale que te conocí
bailando, cuéntale que soy mejor que él, cuéntale que te traigo
loca.” (De la
canción Dile de Don Omar.)
No, no me quiero hacer el
cool. El fenómeno del reggaeton a mí también me ha tomado por
sorpresa. Pero una vez que me encontré con las canciones de Don Omar
y de Ivy Queen y de Daddy Yankee y de Tego Calderón, sus pegajosos
ritmos me rasgaron las orejas y sus irreverentes letras se me
incrustaron en la nuca. Y ya no sé como sacudírmelos.
No es que sea un fan
de la música del reggaeton –soy de otra generación, más a gusto
con Sting, Serrat, los Beatles y Maná- y confieso que nunca he
“perreado” en una disco underground, pero sus brincos me
mueven; reconozco que es un nueva y creativa forma de expresión de
nuestros jóvenes latinos. It’s shocking. Y quiero –tengo- que
entenderlos: mi hija ya es una adolescente y mi hijo será un
teenager en unos años más.
Hace unos días, durante un
concierto en Miami, vi por primera vez a Daddy Yankee en acción.
Este artísta de 28 años, también conocido como el King of
Improvization por su talento para rapear o inventar letras en
vivo, levantó de sus asientos a las más de 10 mil personas que
abarrotaban el auditorio. El hace mover hasta a las estatuas. Y lo
hizo con una canción cuya letra no tiene nada de sutil ni de
poética:
“A ella le gusta la gasolina, watcha
say, dame más gasolina, hey…asesina me domina, janguea en carro,
motora y limosina, llena su tanque de adrenalina, cuando escucha
reggaeton en la cocina…A ella le encanta la gasolina.”
Con su “Gasolina” Daddy Yankee ya ha vendido casi un
millón de copias en un momento en que el downloading (o la
bajada ilegal de canciones a través de la internet) ha puesto a las
compañias de discos en caída libre y las ha obligado a repensar el
negocio.
Lo importante del reggeaton es que le
está dando bocanadas de oxígeno a la industria discográfica. Es la
gasolina del reggeaton. En ciudades como Miami y Nueva York ya hay
estaciones de radio dedicadas 24/7 a este nuevo ritmo. Pronto
seguirán otras. Y en Venezuela, Colombia, República Dominicana y el
caribe, el reggeaton es casi un himno.
El reggaeton, muy
probablemente, se disparó ante el inevitable declive del pop en
español y la ausencia de rebeldía del merengue y la salsa. Así, los
jóvenes hispanos e hispanoparlantes que no se identificaban con la
música grupera ni con la que llenaba los diales de la radio
tradicional, encontraron en el reggaeton una forma única de
expresión.
El reguetón, así en espanglish,
es el ritmo urbano que los expresa mejor que cualquier otro. No es
el hip-hop ni el rap de los afroamericanos, ni el rock del
mainstream anglosajón, ni los swings tropicales de sus
abuelos, ni el Julio Iglesias y Raphael de sus padres, ni la
Paulina, el Sanz y el Luismi de sus big brothers. Es algo
nuevo y distinto que salta sin permiso (y sin pena) del inglés al
español y viceversa.
Nos equivocaríamos
garrafalmente si descartáramos el reggaeton solo por sus contenidos
agresivos y vulgares. Son, después de todo, formas de rebeldía de
los yuhi (young urban hispanics), de decirnos: ésta es
mi vida –fuerte, directa, dura- no la tuya. Es una música que
refleja su mundo luego del 9/11.
El reggaeton llena, por
fin, el vacío de una música urbana para los latinos y para los que
hablan español. Y, como todo género musical, luego dará pié a otros
más; se mutará tarde o temprano en algo que todavía nadie ha
escuchado. Pero, mientras tanto, el reggaeton está perreando con
rabia la joven alma latina.
“Dame más
gasolina.” |