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Nueva
York. Lo más
irónico de todo el debate migratorio en Estados Unidos es que no
importa lo que haga el congreso norteamericano –ni los grupos
xenófobos en la frontera- porque los inmigrantes seguirán llegando
por cientos de miles cada año. Con y sin documentos. Pero seguirán
llegando.
¿Por qué? Porque el
problema de los indocumentados es económico. Mientras sobren
trabajadores en México y hagan falta en Estados Unidos continuará el
flujo de inmigrantes de sur a norte. Así de sencillo.
México -a pesar de las
promesas hechas en el 2000 por un candidato presidencial llamado
Vicente Fox- no ha podido crear un millón de nuevos empleos por año.
¿Y qué hacen los jóvenes que no encuentran trabajo en México? Muchos
se van a Estados Unidos. Sin esa válvula de escape México sería aún
más pobre.
La mala noticia es que
México ni a corto ni a mediano plazo podrá crear todos los empleos
que se necesitan para absorver al millón de trabajadores que año con
año se suman al mercado laboral. Es decir, México seguirá expulsando
millones de trabajadores a Estados Unidos.
Cada minuto, en promedio,
un mexicano cruza ilegalmente la frontera hacia Estados Unidos o
entra como turista y se queda a vivir. Cada minuto. (O sea, medio
millón por año)
Cada minuto, también, la
patrulla fronteriza de Estados Unidos arresta a dos inmigrantes
tratando de cruzar ilegalmente desde México. (En el 2005 realizaron
casi 1,200,000 arrestos).
La conclusión es una
coladera: por cada dos arrestos uno se cuela. Eso es un fracaso del
33 por ciento.
Estados Unidos, como única
superpotencia mundial, tiene la tendencia a creer que puede resolver
solo todos sus problemas. No siempre es así.
Estados Unidos se metió en una guerra
en Irak sin el apoyo de las Naciones Unidas y ahora es caos y muerte
lo que existe ahí. No quiso firmar el Protocolo de Kyoto para
reducir las emisiones de gases tóxicos en la atmósfera, como
hicieron la mayoría de los países del mundo, y el calentamiento de
la tierra y los mares parece que se ensañó con norteamerica; y ahí
está Katrina y la pasada temporada de huracanes de ejemplo. Y en la
cuestión migratoria es lo mismo.
Estados Unidos cree que
puede controlar su frontera sin ayuda. Pero no es así. Necesita la
cooperación de México y de los otros países latinoamericanos para
lograrlo.
La cuestión es muy simple.
Los inmigrantes –como dice la canción de Willy Chirino- siguen
llegando. Entonces de lo que se trata es que para ellos sea más
fácil registrarse en la frontera –o en los consulados
norteamericanos de Tijuana, Monterrey, etcétera- antes que
arriesgarse a cruzar con un coyote por ríos, desiertos y montañas.
(El año pasado murieron 464
inmigrantes en su intento de cruzar ilegalmente.)
Tras el boicot y las
marchas del pasado 1 de mayo -y yo presencié una impresionante en
esta ciudad- hay una contracorriente que busca limitar los derechos
de los inmigrantes. Pero las manifestaciones ya lograron su
objetivo. Gracias a la extensísima cobertura de prensa nadie en
Estados Unidos puede decir que no sabe de las enormes aportaciones
de los inmigrantes, de su precaria situación y de que es necesario
cambiar las actuales e ineficientes leyes migratorias.
Dentro de unos días el senado en
Washington tendrá la oportunidad de legalizar a los 12 millones de
indocumentados que ya están aquí y darles visas al medio millón que
llega por año sin documentos.
Es duro, lo sé, pero esa es la
realidad. Además, a Estados Unidos le conviene: los inmigrantes
toman los trabajos que los norteamericanos no quieren, pagan
impuestos, crean trabajos, controlan la inflación y pagan por el
retiro de una población que envejece rápidamente. Son, en pocas
palabras, un tremendo negocio.
Si no lo hacen, si los senadores se
dejan presionar por los grupos antiinmigrantes o toman una decisión
que tranquilice a los votantes más conservadores y menos informados,
entonces perderán una oportunidad histórica de resolver un problema
que viene creciendo desde 1986.
Además, sin saber quién vive en el
país y sin controlar su frontera sur, la lucha de Estados Unidos
contra el terrorismo pierde mucha efectividad.
Conclusión: para que se limite
dramáticamente la entrada de indocumentados y Estados Unidos retome
el control de su frontera, tiene que haber un sistema que de manera
realista le dé permisos de entrada y de trabajo a quienes, de todas
maneras, van a tratar de entrar. El hambre es más fuerte que el
miedo.
Y siguen llegando... |