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LAS
11 LECCIONES DE LAS ELECCIONES
Por Jorge Ramos Avalos
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| 8 de Enero
del 2001 |
George W. Bush está a punto de tomar posesión como presidente de los Estados Unidos.
Pero independientemente de la controversia en torno a la forma en que fue escogido, ya hay
por lo menos 11 lecciones de las pasadas elecciones. Son estas:
No hay que confiar tanto en las encuestas. Casi
todos los periodistas nos quemamos en las pasadas elecciones por confiar más en las
encuestas que en los resultados. Grave error. No solo estaban equivocadas las encuestas
que aseguraban que Bush iba a ganar el voto popular, sino que cometimos un vergonzoso
error al pronosticar prematuramente como presidente al candidato republicano la madrugada
del miercoles ocho de noviembre.
La política se cuela donde la dejan. La
elección del siete de noviembre fue decidida en la práctica por jueces, no por los
votantes. Y los jueces de la Corte Suprema de Justicia, contrario a lo que supone su
puesto, tomaron partido. Los cinco conservadores estuvieron a favor de detener el conteo
-¿acaso no querían saber quién obtuvo más votos? ¿no tenían un poquito de
curiosidad?- mientras que los cuatro más liberales hubieran deseado que siguiera adelante
el recuento.
Todo cuenta en una elección. El descubrimiento
de que Bush había sido detenido por manejar borracho en 1976 a sólo cuatro días de las
elecciones sí tuvo un efecto negativo en su campaña. La ligera ventaja que llevaba sobre
Gore desapareció el martes siete. En una elección tan cerrada todo cuenta; desde los
errores de juventud de Bush hasta las exageraciones del vicepresidente Gore.
Las elecciones son también un referendum sobre el
presidente en turno. Por más que intentó Al Gore de alejarse del presidente Bill
Clinton, al final no lo logró. Millones de norteamericanos no votaron por Bush sino en
contra de la administración Clinton-Gore, tanto por el escándalo sexual con Mónica
Lewinski como por el incidente con el niño cubano Elian Gonzalez.
Elian González afectó el voto final en la Florida. En
1996 Bill Clinton ganó el condado de Miami-Dade con una ventaja de 117 mil votos. En
cambio, Gore sólo lo hizo con una ventaja de 39 mil votos en éstas elecciones. ¿A
dónde se fueron esos votos que Clinton obtuvo y Gore perdió? Se fueron con George W.
Bush. Bush obtuvo 60 mil votos más de cubanoamericanos en la Florida que Bob Dole en
1996, según un análisis del diario The New York Times. Remember Elian se
convirtió en un grito de guerra ya que la mayoría de los cubanoamericanos no le
perdonaron a la administración Clinton-Gore la forma en que sacó a Elian de la casa de
sus tíos en la Pequeña Habana.
Ralph Nader fue el aguafiestas de los demócratas. Otra
persona que también le arrancó miles de votos a Gore en la Florida fue el candidato del
partido Verde, Ralph Nader. Si Nader hubiera renunciado a su candidatura, como muchos
demócratas le rogaron, Gore se hubiera podido declarar presidente electo de los Estados
Unidos el martes siete a las siete de la noche. Nader le aguó la fiesta a los
demócratas.
El aumentó en el voto hispano no significó mas
congresistas pero sí más representación. Este año se registraron un millón más
de votantes latinos que en 1996. Hubo 7 millones 700 mil votantes hispanos registrados.
Sin embargo, el número de congresistas de origen latinoamericano se mantuvo fijo en 19 en
la Cámara de Representantes. Entonces ¿todo fué inutil? Desde luego que no. Cada vez
los hispanos tienen más representación a nivel local y estatal. Ahora, en la Asamblea
estatal de California uno de cada cuatro asambleístas es hispano.
Los puertorriqueños de la isla deben exigir que los
dejen votar en elecciones presidenciales; es su derecho. Es increíblemente injusto
que los puertorriqueños no puedan votar por la persona que más va a afectar su destino
político. Dos millones 400 mil puertorriqueños en la isla no pudieron votar por el
presidente que influirá enormemente en el siempre presente debate sobre el estatus
político de Puerto Rico y sobre la incomodísima presencia de la Marina en Vieques.
Hillary Clinton es la demócrata más influyente del
país. Les guste o no, Hillary Clinton -con su contundente triunfo sobre el
republicano Rick Lazio- se convirtió en la demócrata más importante de Estados Unidos.
E independientemente del futuro político de Al Gore, a nadie debería sorprenderle que la
senadora Hillary Clinton se lance en el 2004 a la presidencia.
La democracia norteamericana aguanta cualquier cosa. Los
que quieren ver en las complicaciones para escoger al próximo presidente un señal de
debilidad política de Estados Unidos se equivocan. La nación no se congeló -económica
o socialmente- mientras se buscaba a un nuevo inquilino para la Casa Blanca, aún cuando
el presidente en turno, Bill Clinton, andaba de gira por Brunei, Vietnam e Irlanda.
Cada voto es importante. Alrededor de 105
millones de norteamericanos votaron en las pasadas elecciones. Pero 100 millones que
tenían la posibilidad de hacerlo -y que estaban registrados para votar- se abstuvieron.
Esos 100 millones se deben estar dando palos en la cabeza. Y ojalá las duela. Su voto -el
de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo- hubiera podido decidir ésta
elección. Así de cerrada estuvo la cosa. De cualquiera manera, éstas elecciones han
sido una extraordinaria lección de civismo, tanto dentro como fuera de los Estados
Unidos. Porque si algo hemos aprendido de todo ésto es que sólo se necesitan algunos
votos bien colocados para darle vuelta a la tortilla y amarrar el poder.
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