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| ZAPATOUR
Por Jorge Ramos Avalos
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| 5 de marzo
del 2001 |
Miami. La mujer que me gritaba por el teléfono
estaba realmente indignada. Como es posible que pongan en el noticiero de
televisión a ese montón de guerrilleros encapuchados, me dijo. ¿Qué no se
han dado cuenta que el subcomandante Marcos se quiere convertir en el Fidel Castro de
México?
La verdad, jamás
se me había ocurrido semejante barbaridad. Es absurdo. Pero entiendo que, desde lejos,
puede ser un poco desconcertante el espectáulo de ver a un grupo de rebeldes marchando
desde Chiapas hasta la ciudad de México en el ya famoso zapatour. Y quizás lo más sorprendente es que los
mismos militares y policías que hubieran asesinado a sangre fría a esos guerrilleros en
los últimos seis años, ahora los están protegiendo.
Voces asustadizas
y retrógradas en México han criticado al presidente Vicente Fox por permitir que la
caravana zapatista se dirigiera, sin resistencia oficial, al mero centro de la República.
Pero ¿cuál era la alternativa? ¿que los reprimiera violentamente como lo hizo Salinas
de Gortari a principios de 1994? ¿o que les tratara de imponer la ley del hielo y el
silencio como lo hizo el ex-presidente Ernesto Zedillo? No. La era de la represión y la
hipcresía ya pasó. Estos son los tiempos del diálogo y la paz.
No es de
extrañar que los guerrilleros zapatistas hayan recibido impresionantes bienvenidas en
casi todas las ciudades donde han parado. Millones de mexicanos rechazan sus métodos
violentos pero reconocen que su movimiento guerrillero surgió como un grito, desesperado,
en defensa de los 10 millones de indígenas que viven en México.
La gente,
cuando no puede hablar, agarra un arma me dijo Marcos en una entrevista en la selva
lacandona hace ya varios años. Pero las preguntas de entonces aún tienen vigencia hoy
-¿Por qué
no se quita ya la máscara, por qué no se la quita ahora mismo?, le pregunté en
1996.
-Porque se
ha constituido, independientemente de nosotros, en un símbolo, me contestó el
subcomandante.
-¿Y hasta
cuándo se va a quitar la máscara?, insistí.
-Cuando
podamos transformarnos en una fuerza política civil y pacífica, tanto las armas como los
pasamontañas van a tener que desaparecer, concluyó Marcos. Y aparentemente ese es
el camino a seguir en este 2001. Que los zapatistas dejen de ser guerrilleros para
convertirse en activos participantes de la vida política nacional.
A pesar de lo
anterior, muchas personas (sobre todo fuera de México) están en shock ante la aparente popularidad del movimiento
zapatista en algunos sectores de la sociedad mexicana. Lo que pasa es que,
históricamente, casi todos los movimientos rebeldes del continente americano han surgido
con el objetivo derrocar al gobierno en el poder. Y si bien es cierto que los guerrilleros
zapatistas consideraron a los gobiernos priístas como sus enemigos, sus objetivos son
menos belicosos y más sociales.
México es país
donde se practica constantemente el racismo y la discriminación contra la población
indígena. Pero, curiosamente, pocos mexicanos se consideran a sí mismos racistas o
prejuiciados. Y es ese el meollo del asunto. El movimiento zapatista ha sido como un
espejo para que los mexicanos se vean a sí mismos y reconozcan sus errores. Han creado
conciencia sobre un tema enterrado.
El problema del
racismo en México contra los indígenas se acrecienta por la impresionantemente injusta
distribución del ingreso. El 10 por ciento más rico del país acumula casi el 40 por
ciento de los ingresos. En ese privilegiado grupo, les aseguro, no hay indios.
Y entre el 10 por ciento más pobre se encuentran los distintos grupos indígenas del
país, la mayoría de los cuales viven a niveles de subsistencia.
Bueno, los indios
mexicanos término que surgió cuando Cristobal Colón confundió inicialmente a
América con la India- son tan pobres que pocos son los que pueden juntar lo suficiente
para irse como inmigrantes al norte, a los Estados Unidos. Y en México sus derechos, sus
tierras y sus aspiraciones han sido pisoteados durante siglos.
No es un problema
nuevo, desde luego. Tiene sus orígenes con la conquista española hace más de 500 años
cuando las poblaciones indígenas fueron masacradas y sometidas. Pero lo verdaderamente
triste y dramático es que un país como México, que está tan orgulloso de su pasado
prehispánico, ha hecho tan poco para proteger culturalmente y mejorar el nivel de sus
indígenas.
Y es aquí donde
entran los zapatistas. Sin su rebelión, sin sus tácticas para llamar la atención
internacional, sin su página en la internet, sin el verso y el humor del subcomantante
Marcos, sin el misterio que encubren sus máscaras, sin su marcha hacia la capital, sin
todo esto, dudo mucho que la causa indígena en México hubiera avanzado de manera
significativa.
No están
pidiendo mucho. De hecho, si vamos al fondo de las peticiones zapatistas, lo que exigen es
igualdad y respeto para los indígenas. Nada más. Pero, también, nada menos. Y por eso
tantos mexicanos, indígenas y no indígenas, se identifican con la lucha zapatista. Por
eso, el sorprendente recibimiento que ha tenido su marcha por 12 estados del país.
Todo esto le quería decir a
la molestísima mujer que me llamó por teléfono al canal de televisión donde trabajo en
el sur de la Florida. Pero no pude. Cuando traté de explicarle, me colgó. |
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