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UN
ULISES DE LOS TIEMPOS MODERNOS
por Maricel
Mayor Marsán
El más famoso de todos
los presentadores de la televisión hispana en los Estados Unidos
nos abrió las puertas de su ocupado mundo para contestar estas
preguntas desde su oficina en el Noticiero Univisión. Más allá
de todo lo que las personas en sus casas podrían imaginarse,
Jorge Ramos es un hombre totalmente sencillo, extremadamente
modesto, definitivamente sensible y profundamente marcado por su
experiencia como inmigrante. A diferencia de muchas personas que
la fama y la fortuna les han hecho olvidar sus orígenes, nuestro
entrevistado tiene muy presente sus comienzos en este país y lo
que tuvo que luchar para abrirse paso en su carrera profesional.
Por lo mismo, él siente una necesidad peculiar y sincera, a
manera de Leitmotiv, de luchar por los derechos de
los más desafortunados y, en especial, por los inmigrantes
hispanos en los EE.UU.
M.M.M. Todos
sabemos que eres un periodista básicamente dedicado a las
noticias, tanto en los medios de prensa escrita como en los
medios radiales y de televisión. ¿Cómo y cuándo surge en ti la
idea de convertirte en un escritor de libros?
J.R.
La idea de escribir libros surge cuando me di cuenta que la
televisión era un medio muy incompleto para contar muchas de las
noticias que me había tocado cubrir. ¿Cómo explicar una guerra
en dos minutos? ¿Cómo analizar la caída del muro de Berlín en un
solo noticiero? Mi primer libro, Detrás de la Máscara,
surge en 1998 cuando tenía literalmente atoradas en mi mente
decenas de entrevistas y viajes. Me daba cuenta que lo que había
mostrado por televisión era solo una parte muy pequeña de lo que
realmente ocurrió. Y por eso, por la frustración que crea la
televisión, empecé a escribir libros.
M.M.M. Hasta ahora todos tus libros conservan un
perfil sociológico y profundamente testimonial. ¿Has pensado
dedicarte a la ficción en alguna oportunidad o incursionar en
alguno de los otros géneros literarios?
J.R. La realidad siempre me ha parecido más
interesante que la ficción. Es, quizás, una deformación
profesional. Estoy muy acostumbrado a contar lo que veo y lo que
experimento. El periodismo me ha dado un lugar privilegiado para
ver la historia. Eso no lo hubiera logrado si me dedicara a la
ficción. Sin embargo, creo que la ficción me permitiría contar
cosas, más personales, que no me atrevo a decir en mis libros y
artículos periodísticos. Y, por supuesto, me daría mucha más
libertad para explorar temas más emocionales y controversiales.
Así que tengo pendientes una serie de cuentos que, algún día,
espero tener el valor de escribir y luego publicar.
M.M.M. Muchos escritores latinoamericanos de gran
prestigio han dado lo mejor de su producción literaria a través
del periodismo. ¿Consideras que se debe clasificar al periodismo
como una forma de literatura?
J.R.
El buen periodismo, inevitablemente, entra en el ámbito de la
literatura. Pero yo no aspiro a hacer literatura. Mis trabajos
son más inmediatos, no tengo esa obsesión del buen literato -como
me lo dijo en una entrevista Vargas Llosa- de buscar por
horas la palabra precisa. Desafortunadamente no tengo tiempo.
Vivo de prisa. Creo que la distinción entre periodismo y
literatura está bien marcada y así debe quedarse. Son solo
algunos -muy pocos- trabajos periodísticos que dan el salto a la
literatura.
M.M.M.
¿Cuáles fueron los escritores que más influyeron en tu etapa de
desarrollo intelectual y profesional?
J.R. Mis clases de literatura durante la
preparatoria (High School) en México fueron fundamentales. Fue
ahí donde leí por primera vez a Kafka, Herman Hesse,
Vargas Llosa, Cortazar, Benedetti y Hemingway. La
sencillez y fuerza de Pedro Páramo me marcó mucho. Ya en
la universidad, me influyó mucho Proust y su búsqueda por
recuperar el tiempo perdido. A Carlos Fuentes lo admiré
más tarde por su doble labor de ensayista y escritor de ficción.
Por mucho tiempo fue la conciencia de México. La Noche de
Tlatelolco de Elena Poniatowska me orilló hacia el
periodismo; ella, con esa obra, mantuvo vivos los testimonios de
la matanza de estudiantes en 1968. La Entrevista con la
Historia, de Oriana Fallaci, influyó mucho en mi
estilo para entrevistar por televisión. Y sigo maravillado por El Otoño del Patriarca aunque muy desilusionado de la
triste posición política de García Márquez respecto a
Castro y la revolución cubana.
M.M.M.
En tu libro Atravesando Fronteras dices que “La
autodeterminación – ese derecho de cada individuo de escoger su
destino - es lo que hace especial a esta nación.” ¿Te
sientes vindicado con el tema de haber podido reinventar tu vida
fuera de México y en este país?
J.R. En Estados Unidos me pude reinventar.
Estados Unidos -y lo he dicho antes muchas veces- me dio las
oportunidades que no pude tener en México. Yo quería viajar,
escribir, hacer reportajes, ver la historia con mis ojos; todo
eso lo he logrado en Estados Unidos. Y claro que me siento
reivindicado. Haber fracasado hubiera significado regresar a
México, sin un centavo, a buscar un mal trabajo. Solo pensar en
eso me hizo trabajar más duro aquí y salir adelante.
M.M.M. A veces los inmigrantes se pasan la vida
pensando en su país de origen, pero después de un tiempo se dan
cuenta que ya no tienen mucho en común con los compatriotas que
nunca han emigrado y permanecen en su país. Por otra parte,
tampoco tienen muchas cosas en común con el ciudadano promedio
que ha nacido y se ha criado en esta nación. En tu caso, ¿podrías
decirme si hay algún punto medio en donde te sientas más a
gusto?
J.R. Hay veces en que siento que no tengo hogar.
Ese es el tema de mi autobiografía Atravesando Fronteras.
A veces siento que no soy de Estados Unidos ni de México. Pero,
otras, cuando reina el optimismo, me siento de los dos países.
Hace poco, en una entrevista, Isabel Allende me comentó
que ella no tiene que escoger entre Chile y Estados Unidos. Y es
cierto. No es preciso elegir. Uno puede ser de los dos lados. Es
decir, uno puede ser ciudadano del mundo sin sentirse culpable.
Somos, después de todo, producto de la globalización cultural.
M.M.M. Hay un tema que divide a los académicos en
los EE.UU. y es la mezcla del inglés y el español de manera
indiscriminada. ¿Qué piensas sobre el futuro del espanglish en
este país?
J.R. Bueno, es un tema que puede dividir a los
académicos pero no a los hispanos en Estados Unidos. Los latinos
aquí en Estados Unidos hablamos muy mal el español. Y yo soy uno
de ellos. Aquí se habla mucho espanglish, un español muy poco
puro y un inglés muy mezclado. Y así está bien. Los académicos
pueden perder el sueño con el tema del espanglish. Pero la
realidad, es que el lenguaje con que se comunican los hispanos
se decide en las calles, en las casas y en las oficinas, no en
las torres de cristal de los académicos. Además, cuando ya
existen más hispanos parlantes en Estados Unidos que en
cualquier otro país del mundo -con la excepción de México- nadie
puede tener el derecho moral de tratar de imponer desde fuera la
forma concreta de comunicarse. La Real Academia de la Lengua
Española no tiene ningún derecho en decirle a los hispanos cómo
hablar. Es más, son los hispanos parlantes en Estados Unidos
quienes a la larga influirán más en el futuro del español que
los propios españoles, argentinos o colombianos
M.M.M. Según lo que manifiestas en el libro La
Otra Cara de América los inmigrantes latinoamericanos
estamos cambiando a los Estados Unidos. ¿Qué pasa cuando los
hijos y los nietos de esos inmigrantes nacen en este territorio
y se forman en esta sociedad? ¿Acaso se corre el riesgo de la
integración total o realmente estamos logrando aglutinar
nuestras costumbres y valores para que definan posteriormente
códigos de permanencia social?
J.R. Los latinos no acabaremos asimilándonos a
Estados Unidos como otros grupos étnicos. No. Estamos marcando
nuestro propio camino. Los hispanos estamos latinizando a
Estados Unidos. Y eso es evidente en el lenguaje, en la economía,
en la política, en la comida y en otras formas de expresión
cultural. Pero, al mismo tiempo, estamos viviendo la
americanización de los latinos. Los latinos de segunda o tercera
generación, por ejemplo, prefieren comunicarse en inglés. Pero,
aún así, mantienen ciertas características que los siguen
identificando con el país de origen de sus padres. Además, se
mantienen en contacto con sus familiares en América Latina,
gracias a la tecnología, a la Internet y a los celulares, de
formas en que los inmigrantes italianos o alemanes jamás lo
hicieron.
M.M.M. Detrás de la máscara, Lo que vi
y A la caza del León son libros de entrevistas y
experiencias vividas por todo el mundo en tu labor como
periodista. ¿Cuál de esas entrevistas te impacto más desde el
punto de vista humano?
J.R. Curiosamente, no fue ninguna entrevista con
un político o un presidente. La entrevista que más me ha
impactado a nivel humano fue con Isabel Allende. La
primera vez que la entrevisté ella acababa de perder a su hija
Paula y yo a mi padre. Y ella me dio un maravilloso consejo que
nunca he olvidado sobre cómo encontrar a mi padre en mis rutinas,
en mis gestos y en mis movimientos. Ese consejo tiendo a
repetírselo a todas las personas que pierden a un ser querido y,
me he dado cuenta, las tranquiliza y deja en paz.
M.M.M. Confiesas haber gritado y llorado en la
soledad de tu auto después del acto terrorista del once de
septiembre de 2001. ¿Crees que será posible para nuestra
generación encontrar el balance y la tranquilidad después de esa
tragedia?
J.R. No estoy seguro. El 11 de septiembre cambió
radicalmente mi percepción de Estados Unidos, del mundo y mi
visión al futuro. Hasta ese día yo siempre pensé que la vida de
mis hijos sería mejor que la mía. Hoy no estoy seguro. Me aterra,
por ejemplo, que mis hijos tengan que pelear en una guerra. Creo
que tendrán que pasar décadas para superar esta época marcada
por el terrorismo y el unilateralismo norteamericano.
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Jorge Ramos en su oficina privada de
Univisión |
M.M.M. ¿Qué piensas del Internet como medio de
difusión cultural y literaria a nivel global?
J.R. Me parece un invento extraordinario. Es,
sin duda, uno de los más importantes inventos tecnológicos del
mundo. Y, como todo, su efectividad o poder de daño depende de
cómo se use. La Internet (me gusta más en femenino) nos puede
acercar o alejar, puede ser muy destructiva o enormemente
positiva. Por ejemplo, yo ya no se pensar mi vida diaria sin su
uso. Y estas respuestas de la entrevista van a dar a los
lectores, precisamente, a través del Internet.
M.M.M. ¿Te
consideras un hombre en busca de la historia o un hombre que se
encarga de trasmitir la historia de sus tiempos?
J.R. Por ahora soy, sencillamente, un testigo de
la historia. Mi trabajo en los últimos 20 años ha consistido en
contar lo que he visto. Pero, últimamente, tengo más ganas de
hacer algo. Cada vez me convierto más en un activista por los
derechos de los inmigrantes en Estados Unidos. Y eso me hace
sentir muy vivo y que mi trabajo sirve para algo.
M.M.M. ¿Qué disfrutas más, el dar a conocer una
noticia o el indagar más allá de la misma y descubrir lo que hay
detrás de ella?
J.R. Me siento más reportero que conductor de un
noticiero (anchor) o escritor. Disfruto mucho más un día en la
calle, como reportero, que escribiendo, supervisando y leyendo
noticias en el estudio de televisión.
M.M.M. ¿Encontrarás algún día tu verdadero lugar
en el mundo?
J.R. No
lo sé. Y eso me llena de angustia. Creo que estoy condenado a
vivir sin un hogar fijo. |