Jorge Ramos: la dignidad de un oficio
Por Agustin Tamargo
Escribir: un
oficio repleto de obstáculos expresivos. Hablar por televisión:
un duelo con la dicción y la figura. Usar la radio: una carrera
de obstáculos diaria frente a la síntesis y sus increíbles
desafíos. Pues bien: yo conozco a un hombre que enfrenta los dos
niveles primordiales de ese desafío y sale de ellos como entra:
con la serena autoridad de un maestro. Ese hombre se llama Jorge
Ramos.
Los que lo ven a diario en Univision y los que
lo leen semanalmente en El Nuevo Herald saben que tengo razón.
Jorge Ramos no es un improvisado, elevado a su reconocida
categoría por favoritismos personales o políticos. No es tampoco
un tímido intelectual que suprime o modifica sus juicios por
temor a la censura de zonas que le son ideológicamente adversas.
Es lo que han reconocido en este país desde hace un par de
décadas los más prestigiosos medios de expresión pública y los
órganos oficiales de reconocimiento al valor intelectual: una
figura que cree en lo que dice, y eso que cree y dice sale de
una formación cultural sólida y pertenece al vedado campo de los
principios éticos. Una figura honesta, cuya proyección pública y
cuyo lidiar con los más espinosos temas, nacionales o
internacionales muestran siempre la huella de una mesurada
meditación. ¿Por qué invitan a Jorge Ramos los más importantes
programas de televisión en inglés como Night Line de ABC, Today
de NBC, Talk Live de CNN y The O'Reilly Factor de Fox News? ¿Por
qué le adjudicaron el codiciado premio Maria Moors Cabot, de
excelencia en el periodismo. ¿Por qué ha ganado siete galardones
Emmy? Lo galardonaron y lo invitan porque Ramos, que es mexicano
y que no tiene padrinos aquí, cuenta sin embargo con lo que
hasta el más envidioso tiene que reconocer: un profesionalismo
de primera línea expresado con una lucidez mental y un
equilibrio ideológico de los que carecen otros personajillos muy
connotados.
Jorge Ramos no sólo habla bien por televisión,
con su figura sobria y su español perfecto, sin tintes
particulares de ningún sitio, expresado todo a través de una voz
civilizada y una dicción impecable, Jorge Ramos escribe. Y eso
que escribe abarca muchos campos, muchos tiempos y muchos
problemas, todos de interés y de actualidad. El último libro que
acaba de publicarle una editorial americana, en edición en
español e inglés, con un titulo que no me agrada del todo, La
ola latina, se refiere a un tema esencial: la presencia, la
influencia, de los latinos en los Estados Unidos. Jorge Ramos
entra a ese problema con la manga al codo. Examina las
perspectivas que para este país y para nuestra gente tiene la
presencia aquí de millones de latinoamericanos, tanto en el
orden económico como en el político y cultural. Habla sobre todo
de lo político, de la forma en que esa inmensa masa de decenas
de millones de seres no nacidos en este país pueden determinar
un día (y lo han determinado ya) quién ha de dirigirlo. Juzga
las diferencias políticas y culturales entre un estado y el otro
(California no es Texas, Nuevo México no es la Florida, Illinois
no es Nueva York). Y nos recuerda lo que sabemos: que hay diez
estados americanos que tienen ya más del diez por ciento de
población hispana y que en el año 2002 los hispanos se
convirtieron, con más de 38 millones de habitantes, en el primer
grupo minoritario de los Estados Unidos. Y que van a ser
seguramente, otra vez, los que decidan quién ocupará el próximo
turno en la Casa Blanca.
El libro de
Jorge Ramos tiene más, mucho más, de lo que a toda prisa estoy
enunciando aquí. El sabe el terreno que pisa. El está consciente
de que ese factor demográfico, que pesa tanto en la economía,
debería pesar más en lo político. El sabe que nuestra
representación proporcional en las zonas de mando americanas (el
Congreso, el poder judicial, los negocios) todavía no es todo lo
equitativa que debiera ser. El mira el problema de esta
incorporación de una cultura a la otra, de esta gran nación
anglosajona que se ha ido hispanizando hasta un punto
impredecible como un desafío histórico que no se sabe cómo se
solucionará. En este libro está todo: hechos, figuras,
ideologías, intereses, idealismo, politiquería, historia,
costumbres, nombres: todo. El que lo adquiera no lo lamentará
nunca. Si es hispano, porque aprenderá lo que siendo hispano no
sabía. Y si es yanqui, porque entrará por la puerta ancha a un
mundo fascinante y problemático que el yanqui tiene aquí dentro
y que ese yanqui no sabe a veces adónde él va a llevar a ese
mundo o adónde ese mundo lo va a llevar a él.
El primer
periodista hispano en los Estados Unidos, para mí, ha sido
siempre un argentino: Andrés Oppenheimer, premio Pulitzer. A su
lado, pero no por debajo de él, pongo hoy a Jorge Ramos. Una
figura del periodismo, pero que brillaría tanto en el Congreso
americano, o en el gobierno de México, como brilla en Univision
y en las páginas de El Nuevo Herald.
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